Una reseña de lo que sucedió el 9 de marzo en el colegio y algunas de las actividades de reflexión que realizamos.
Por Emiliano Francisco Leal Sorrriente
Hace dos semanas,
algunas alumnas de la preparatoria en la que trabajo se acercaron a nosotros
para manifestarnos su intención de participar en el paro nacional de mujeres
del 9 de marzo. Para ese entonces muchas escuelas ya se habían adherido al
movimiento y se producía un debate de si la escuela debía o no participar.
Les pedimos que
redactaran su propuesta, justificando y explicando por qué querían que la
escuela se sumara. Así lo hicieron y después de algunos ajustes, entregaron un
documento en el que expresaban su preocupación por la creciente violencia en el
país y la necesidad de unirse a la protesta para exigir una sociedad que les
brinde seguridad, respeto a sus derechos y mayor equidad.
Después de algunos debates internos dentro del colegio, se tomó la determinación de solidarizarse con el movimiento respetando la decisión de las mujeres de unirse al paro, pero a su vez generar una reflexión en torno al tema. Así, en conjunto con un grupo de alumnas comenzamos a preparar las actividades que tendríamos para ese día en la preparatoria.
Una de las actividades que planeamos, y quizá la más importante, consistió en que las alumnas escribieran algunas de las situaciones en las que se han sentido violentadas. Todas redactaron algún relato de momentos desagradables que han vivido tan sólo por ser mujeres, algunas entregaron más de una. Yo las leí antes y quedé consternado al ver todo lo que han tenido que pasar a su corta edad.
No fui el único que quedó impresionado con los relatos. El día del paro, la primera actividad de reflexión que realizamos fue que los alumnos leyeran los escritos de sus compañeras. En voz alta, tal como lo habían pedido las alumnas, uno a uno fueron leyendo las historias que sus compañeras les habían dejado. Mientras avanzábamos los alumnos iban cambiando el semblante, el silencio era absoluto, les impactó saber que sus compañeras vivieran la violencia de genero de distintas maneras y desde tan jóvenes.
En el colegio Queen Mary School sí hubo clases en todos su niveles. Para suplir al 60% del personal femenino, trabajadores de otras áreas apoyaron, además hubo actividades especiales con los alumnos, señaló el profesor Emiliano Leal.
Decidimos que sería bueno que respondieran, así que escribieron cada uno una carta en la que la expresaban su solidaridad y sorpresa al enterarse de lo que han vivido, muchos de ellos no tenían clara la dimensión del problema hasta que lo vieron del puño y letra de sus compañeras, aquellas con quienes todos los días comparten en la escuela.
Después, vimos el video «¿Cómo te suena?» elaborado por estudiantes de la Escuela de Arte José María Cruz Novillo, de España, y que realiza una crítica a la normalización de la violencia hacia la mujer a través de la música.
Más tarde hablamos sobre el movimiento feminista como tal y revisamos el video «¿Quiénes son las tesis?» para comprender de donde surgía la coreografía, ya conocida por todos: “un violador en tu camino”.
También leímos algunos Tweets con el hastag #ComoHombre:
Posteriormente,
un alumno realizó el aporte de una historia publicada en Facebook en la que una
mujer cuenta como su pareja poco a poco fue subiendo la intensidad de la
violencia hasta agredirla físicamente arrancándole una parte del labio de una
mordida.
También, como
parte de esta jornada de reflexión, revisamos el video “¿Qué significa hacer
algo #ComoNiña?” para poner en la mesa la estereotipación de la mujer como el
sexo débil.
https://youtu.be/s82iF2ew-yk
Así mismo, vimos en conjunto la película francesa “No soy un hombre fácil”, un film de ficción en la que se invierten los roles entre hombres y mujeres.
Y por último, los
jóvenes generaron dos carteles y un video para sus compañeras, en donde se
solidarizan con ellas y muestran empatía por lo que han tenido que pasar, y
donde también les decía que las extrañaron durante ese día.
Creo que lo más
importante del día, es que los alumnos pudieron ver lo que se sentía estar en
su escuela sin sus compañeras, pero también, entender que lo que ellas viven es
mucho más fuerte de lo que habían escuchado o pensado, y que es algo que
definitivamente tiene que cambiar.
Y para mí, el aprendizaje fue que a pesar de que intentamos y buscamos constantemente espacios que permitan la reflexión, aún seguimos trabajando poco estos temas en las escuelas. El cambio que noté ese día en mis alumnos fue notable, pero no nos habíamos detenido a hablar abiertamente de esto como ahora, quizá si lo hiciéramos más seguido, podríamos transformar muchas más cosas en la sociedad.
Muestra de ello es que un profesor me comentó que al día siguiente en su grupo le pidieron permiso para poner música mientras realizaban una actividad en clase, él accedió, y le aclararon que no podrían canciones que contengan violencia de género. Quizá sí logramos que algo se moviera ese día.
A partir de ahora,
las escuelas públicas o privadas de educación básica que utilicen uniforme, no
podrán obligar a que las niñas utilicen falda, como ha sucedido desde hace
muchos años. Además, se abre la posibilidad para que los niños que así lo deseen
llevar falda en lugar de pantalón.
“Creo que quedaron atrás las épocas en donde las niñas tenían que traer falda y los niños tenían que traer pantalón, yo creo que eso ya pasó a la historia. Los niños pueden traer falda si quieren y las niñas pueden traer pantalón si quieren; eso es una parte de la equidad, de la igualdad”, señaló la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Shemibaum.
En un Tweet, la Secretaría de Educación Pública (2019) comenta que: “A partir de hoy, las niñas, adolescentes y jóvenes podrán elegir libremente usar pantalón o falda en las escuelas primarias y secundarias públicas de #CDMX. Con el #UniformeNeutro fomentamos la igualdad de derechos y la equidad de género desde la #EducaciónBásica” .
A partir de hoy, las niñas, adolescentes y jóvenes podrán elegir libremente usar pantalón o falda en las escuelas primarias y secundarias públicas de #CDMX.
Este anuncio, podría ser considerado como un triunfo para todos los que pensábamos que los uniformes con falda obligatoria remarcaban notablemente las diferencias de género propiciando la inequidad, pues limita a las mujeres en muchas de las actividades que realizan en la escuela, entre otras cosas, tal como lo señalé en el artículo “Uniformes escolares y género: una historia de faldas y pantalones”.
Lamentablemente este anuncio se ha manejado en un sentido machista, pues la mayoría de los medios se han enfocado en que “los niños podrían usar falda” (lo cual no debería escandalizar a nadie) y no en lo realmente importante: que ya no se obliga a las niñas a lleven falda.
Milenio, por ejemplo, titula su nota como “Niños podrán usar falda en la CdMX” (Almazán, 2019) mientras que El Financiero (2019) se pregunta si “¿La CDMX está lista para que los niño usen falda en la escuela?”. Comentarios así que sólo destacan ese hecho, han estado circulando durante todo el día por la red. Por eso mismo, este hecho es muy importante, ya que aún seguimos atrapados en un modelo de pensamiento poco incluyente.
Afortunadamente, hay otras posturas más incluyentes que se han generado a partir de esto, como la que expresa el Museo para la Memoria y la Tolerancia (2019) en un Tweet: «El uniforme neutro ayudará a dejar en el pasado los roles de género machistas que fomentaban la desigualdad. Ahora sigue hablar de la libertad de trate el cabello largo y suelto. La educación debe formar mejores personas y mejores ciudadanos, siempre en la equidad y el respeto de su dignidad»
— Museo Memoria y Tolerancia (@MuseoMyT) June 3, 2019
Por eso, que esta
medida se haya tomado es muy importante, porque el cambio comienza justo ahí:
en la escuela.
Video completo
del lanzamiento del Uniforme neutro.
Aquí el video del Gobierno de la Ciudad de México (2019) completo del lanzamiento de este nuevo programa de uso de uniformes neutro:
Alumnas en España
pide usar pantalón
Mientras esto
pasa en la Ciudad de México, en otros países también es una petición
recurrente. En un caso reciente, cerca de 320 alumnos del colegio Santa María de la Hispanidad, en Madrid, España, solicitaron
la escuela que la mujeres pudieran utilizar pantalón como parte del uniforme, y
no solo falda (Portilla, 2019).
En el artículo
publicado por el diario el País de España, se explica que según una de las mamás
del colegio. explican que “Las niñas ven como
discriminatorio el hecho de que no puedan llevar pantalón largo, hay muchas actividades del
día a día en el colegio que no pueden hacer como el resto de compañeros.”
(Citado en en Portilla, 2019)
A esto, también se suma que las
niñas comentan que pasan frío, se les sube la falda con el aire, algunas tienen
complejo físico o simplemente no pueden correr a gusto (Portilla, 2019).
Otro caso es el de una niña del Colegio Pureza de María, en Granada, España, que solicitó a través de la página web de peticiones Chgange.org, firmas para que en su colegio se permita elegir entre el uso de falda o pantalón a raíz de un cambio de uniforme que se efectuó en el centro educativo (Change.org).
Referencias
Secretaría de Educación Pública [SEP_mx] (2019, 3 de junio). A partir de hoy, las niñas, adolescentes y jóvenes podrán elegir libremente usar pantalón o falda en las escuelas primarias y secundarias públicas de #CDMX. Con el #UniformeNeutro fomentamos la igualdad de derechos y la equidad de género desde la #EducaciónBásica. [Mensaje publicado en Twitter]. Recuperado el 3 de junio de 2019 de: https://twitter.com/SEP_mx/status/1135634400341831686
Gobierno de la Ciudad de México [GobCDMX] (2019, 3 de junio). Presentación del Uniforme Neutro. [Archivo de Video en Youtube] Recuperado el 3 de junio de 2019 de https://www.youtube.com/watch?v=GE6nJZHfIUc.
Estudiantes de México. Imagen: Secretaria de Educación Pública (2017)
Introducción
Los uniformes han
acompañado al sistema educativo desde hace siglos. Pero ¿Para qué sirven
exactamente? ¿Qué función cumplen dentro del sistema educativo? Esas son
algunas de las preguntas que intentaré contestar en este ensayo
La pertinencia de
hablar sobre los uniformes escolares hoy, se enmarca dentro del contexto de
nuevos modelos educativos que se han comenzado a generar en el sistema
educativo, de estrategias alternativas y metodologías innovadoras, que suelen
centrarse en el desarrollo individual de las personas, por lo que ¿tendría
sentido el uniforme en este contexto?
Además, este ensayo es también complemento de otro que escribí anteriormente: “Uniformes escolares y género: una historia de faldas y pantalones”, en el que hablo sobre el uso de las faldas escolares como un tema que tenemos que revisar desde una perspectiva de género. Por cierto, retomo ese tema aquí también.
Pretendo ser lo más imparcial en este tema, pues respeto que algunas escuelas decidan utilizar uniforme ya que quizá les funciona de alguna manera, sin embargo, creo que es bueno conocer un poco más sobre los uniformes en la escuela, pues es un elemento que está presente en la cultura escolar, y así tratar de señalar de la manera más objetiva posible, las distintas visiones sobre ellos.
Estudiantes de la India. Imagen: Pixabay.com. (2010)
La uniformidad
Pensemos en el significado de la palabra “uniforme”. Es tan común, y la repetimos tanto en los colegios, que perdemos de vista lo que quiere decir. Uniformar significa igualar, no diferenciar, homogeneizar, estandarizar, hacer que todo se vea más o menos parecido.
Creo que en este
punto encontramos una de las primeras contradicciones que tiene el uso de
uniformes con las nuevas propuestas educativas. La mayoría de los nuevos
modelos, metodologías y estrategias, se han comenzado a centran en el
estudiante, en su propio proceso de aprendizaje y en sus intereses.
Estudiantes de Belice. Imagen: Pixabay.com (2016)
Así, si el aprendizaje centrado en el estudiante busca que este se desarrolle según sus intereses y aptitudes individuales, pero por otro lado con el uso de uniforme se busca que todos sean iguales, queda claro que entramos en una contradicción. Creo entonces que el uniforme escolar podría ser una práctica de la “vieja escuela” que quizá sería bueno debatir.
Una historia llena de uniformes
El uso de los uniformes en los sistemas educativos, tiene bastantes años y han convivido con la humanidad en distintos procesos históricos. Los uniformes jugaron papeles importantes desde la época colonial hasta la revolución industrial, tal como lo explica Dussel (2007):
“Desde la Colonia, las políticas de uniformación estuvieron vinculadas al disciplinamiento de los cuerpos indóciles, de los cuerpos de aquellos que no eran capaces de autorregularse ni autogobernarse: mujeres, negros, aborígenes, clases pobres, inmigrantes, infancia temprana”. P.143
Estudiantes de Japón. Pixabay.com (2016)
Tal como lo explica la misma autora, durante la Revolución Francesa el uniforme en los niños también jugó un papel importante para la consolidación de la idea de igualdad:
“La Revolución Francesa la que estableció una equivalencia entre uniformidad, homogeneidad y democracia, e hizo de ello el símbolo de la igualdad plebeya. Los uniformes utópicos de los niños de la Revolución Francesa enfatizaron la producción de un cuerpo social homogéneo e igualitario, que supuestamente borraba todas las diferencias pero al mismo tiempo producía una incrementada individualización y autonomización. Los uniformes fueron efectivos dentro de un régimen de poder que pensaba al cuerpo como propiedad social y al transgresor como traidor o ciudadano desleal” p.141.
El uso de uniformes, así como otras prácticas que tenía la escuela, también estaba aosciados a ideas de modernidad. Por ejemplo, en la Colombia de finales del Siglo XIX y principios del XX, la educación estaba muy orientada a esta idea de civilidad moderna, como lo señala Aldana (2016).
“Así, en la escuela se aprendía a ser modernos, esto es, a ser y actuar como sujetos civilizados. Para ello se buscó erradicar las formas de vestir, de hablar y de alimentarse que se consideraban una amenaza al proyecto moderno. En general, se trataba de corregir las costumbres, moderar las acciones y de cultivar nuevos hábitos urbanos que legitimaran un sistema de valores y unas formas culturales modernas e ilustradas frente a otras consideradas vulgares y populares”. p.46
Aula de Argentina. Imagen: Argentina.gob.ar (2018)
Como siempre en educación, el tema es un poco más profundo. Si vamos a hablar de uniformes, también tenemos que recordar que estamos hablando de educación estandarizada, así ha sido por siglos. Para la Revolución Industrial, el sistema educativo pensado así le vino como anillo al dedo, pues se comenzó a ver a la educación como una manera de satisfacer las necesidades de producción del momento y para ello se requería el mismo orden y disciplina que en cualquier fábrica.
De este modo, en
esta producción en masa de personas, podríamos decir que los uniformes escolares
se convirtieron en el empaque del producto que cada una de las escuelas ofrecía
en sus alumnos. Cada una con su sello especifico, pero con un mismo fin productivo,
y para el “bien” de la sociedad.
Uniformes e identidad
En la actualidad, los uniformes siguen teniendo vigencia en la escuela, tanto en los colegios privados como públicos, donde suele usarse también como una forma de generar identidad y de lograr una estética que además se comparte con el diseño de la escuela en cuanto salones, mobiliarios, materiales y formatos de la institución educativa (Dussel, 2001).
Estudiantes de Irán. Imagen: Pixabay.com (2018)
Es decir, si lo viéramos desde un punto de vista de la mercadotecnia, los uniformes también ayudan a crear una marca. Hay escuelas que son fácilmente reconocibles por sus uniformes, pero también, nada da más sensación de orden y control que entrara a una institución educativa y ver a todos uniformados.
En el caso de las escuelas públicas tanto en México como en Latinoamérica, es difícil encontrar un centro educativo gubernamental que no use uniformes, y esto también tiene que ver con la construcción de una identidad que puede ser local, estatal o nacional. Sobre esto, Dussel (2007) explica:
“En los países latinoamericanos, el uso de los uniformes escolares estuvo asociado a la construcción de una identidad nacional homogénea y homogeneizante, que sostuvo a la par promesas de igualdad e inclusión subordinada, y mecanismos institucionales de control y disciplina sociales muy autoritarios”. p. 131.
Esto, por otro lado, ayuda a crear una noción de unidad. En muchos países los uniformes tienen características similar muy particulares, como en el caso de Cuba con el uso de los pañuelos en el cuello, Chile y sus unformes azules con blanco y jumpers que los llevaron a ser apodados como pingüinos en las revueltas estudiantiles de ese país, y Argentina donde en casi todos los colegios los alumnos usan delantal.
Estudiantes de Cuba. Imagen: Jones, A (2003).
En otros, se pueden ver más variaciones, sin embargo, hay muchos claramente reconocibles. En México el suéter verde y pantalón o falda gris, siempre nos remitirá a una secundaria pública.
Uniformes, disciplinamiento y control
Los uniformes
también son forma de control que busca orientar a las personas en un sentido que
sea aprobado por la sociedad, o bien de homogeneizarla, como sucedió en el caso
de Estados Unidos. Dussel (2001) en su texto explica:
“En el caso norteamericano, los uniformes fueron usados para las escuelas de las minorías (indígenas, mujeres) como forma de disciplinamiento riguroso del cuerpo y de incorporación de otras pautas estéticas y corporales. Recientemente las escuelas públicas urbanas adoptaron uniformes, destinadas a combatir la vestimenta de gangs y rappers”. p. 67.
Estudiantes de Chile. Imagen: Ministerio de Educación de Chile (2018)
Adicionalmente a esto, los uniformes son una manera de mostrar una imagen externa, pero también son una forma de recuperar cierta autoridad por parte de las escuelas, como lo explica Dussel (2007):
“De modo bastante evidente, los
uniformes constituyen un intento por parte del sistema escolar de recuperar
autoridad. Abogar por los uniformes supone que el uso de un código de
vestimenta común y estricto proveerá́ una imagen de respetabilidad y orden muy
necesitado dentro de las escuelas y también en la relación de las escuelas con
la sociedad más amplia”. p.148
Así, los
uniformes para las escuelas son una manera de evitar y controlar que los
estudiantes utilicen algún tipo de prenda u objetos adicionales que puedan no
estar permitidos en los reglamentos escolares, como las minifaldas. Esto no
solo ocurre en las escuelas estadounidenses, también es común en las escuelas mexicanas
y latinoamericanas.
Uniformes y género
Es
interesante señalar en este punto, que existe un componente de género en el uso
de uniforme también, pues muchas de las restricciones afectan de manera más
específica a las mujeres.
“Hay un tema de género pendiente en cuanto al uso de los uniformes escolares. En muchas escuelas se considera que los niños deben usar pantalón y las mujeres falda obligatoria, no dejándolas a ellas, en la mayoría de los casos, elegir si prefieren llevar pantalón al igual que sus compañeros”.
Sobre este
aspecto Dussel (2007) comenta:
“Que los estudiantes se presentaran limpios y ‘adecuadamente vestidos’ fue siempre parte de lo que se suponía que la escuela debía lograr. Más recientemente, minifaldas, maquillaje, aros, desnudez del abdomen o de determinadas partes del cuerpo, y colores brillantes o llamativos, están entre las muchas prendas de vestir y prácticas de vestimenta que han quedado sujetas a regulación y debate en las escuelas estadounidenses”. p.144
Como vemos, la
mayoría de las restricciones están relacionadas a aditamentos y formas de
vestir de la mujer, y en el caso de los hombres, generalmente se limitan al
corte del cabello.
Estudiantes de Colombia. Ministerio de Educación Nacional de Colombia (2018)
Por otro lado, en algunos otros países como Argentina, se utilizaba el guardapolvo o delantal, que buscaba ser un vestuario que democratizara la escuela, homogeneizando la apariencia, pero a su vez, que fuera higiénico y económico (Dussel, 2001), a lo que se sumaba además una preocupación moral, en especial en cuanto a la vestimenta de las mujeres:
“las mujeres, naturalmente débiles de carácter y con tendencia la superficialidad, eran más pasibles de caer en tentaciones que los hombres; y por eso sus apariencias debían regularse con mucho más celo, también, por supuesto, para garantizar su ‘decencia’ y su pudor” p.68.
En ese entonces, también ya se mencionaba el tema del lujo y la ostentación que podrán mostrar las mujeres al llevar vestidos caros, que en algunos casos podía llegar a ser considerado inmoral. Pero también se pensó que el uso del delantal podía ser una buena manera de igualar y evitar el contraste entre niños ricos y pobres (Dussel, 2001).
Uniformes y clases sociales
Uno de los argumentos más comunes a favor del uso de los uniformes, tiene que ver con su uso para mitigar la diferenciación de clases sociales. Este es un aspecto es interesante, que ha tenido relevancia en el pasado y actualmente sigue vigente, pues a través el uso de ciertas marcas de ropa se puede diferenciar entre los que tienen mayor o menor poder adquisitivo.
En ese sentido,
el uniforme puede ser una herramienta interesante, que ayude a frenar las
diferencias económicas que puede haber entre los estudiantes, o por lo menos, a
controlarlo.
Cuando Bill
Clinton era candidato a presidente de Estados Unidos en 1996, este tema estuvo
presente en su agenda política. Él se convirtió en uno de los mayores
promotores del uso de los uniformes en las escuelas públicas de todo el país,
pues consideraba que su uso podría ayudar a controlar la violencia juvenil.
Estudiantes de Estados Unidos. Freepik.es (s.f.)
En ese entonces salieron a la luz algunos casos de adolescentes que habían matado a otros para robarles sus tenis deportivos de marca o sus chamarras de diseñador. Así, se comenzó a analizar que el uso de uniforme escolar podría incidir para la disminución de la violencia en las escuelas y entre los jóvenes (JET, 1996).
Para Bill Clinton, si el uso de uniformes “significaría que los adolescentes dejaran de matarse unos a los otros por una chamarra de diseñador entonces las escuelas públicas deberían pedirles a sus estudiantes el uso de uniforme” (Mitchel, 1996). Esto parece haber funcionado en algunas de las escuelas y zonas que se ejecutó y en las que disminuyó la violencia entre estudiantes (Dussel, 2001).
Por otro lado, el uniforme puede ser una prenda que se use para la escuela únicamente. En algunos casos, los uniformes son algunos de las pocas prendas con las que cuentan algunas personas de escasos recursos. Esto también viene acompañado, por lo menos en México, de apoyos gubernamentales para que las familias que tienen a sus hijos en escuelas públicas puedan adquirir gratuitamente los uniformes escolares.
Uniformes y libertad de expresión.
Otra crítica a los uniformes escolares que suele hacerse, es que limitan la libertad de expresión, además de que no les permite a los estudiantes desarrollar una identidad personal, y mucho menos, mostrarla. No perdamos de vista que, a través de nuestra vestimenta, también estamos comunicando.
Estudiantes de la India. Freepik.es (2018)
A través de la ropa damos a conocer nuestra ideología, nuestra forma de ser, de pensar y definimos cómo queremos que el mundo nos vea. El uso de uniformes es también una manera de coartar eso, de no permitir que se expresen otras voces que puedan incluso resultar disruptivas según los estándares sociales.
Entonces, se trata también de un tema de imágen, de cómo la comunidad y la sociedad ve a los estudiantes, a los niños y jóvenes que asisten determinada escuela y de si su vestimenta representa orden, lo cual iría de la mano con que se cumplirán sus metas educativas.
En pocas palabras, se trata de hacer que se vean “respetables” para el entorno, personas de bien que no representan ningún peligro para los estándares sociales, sino todo lo contrario.
Legislación en México
¿Qué dice la legislación en México sobre este tema? Nada. En la Ley General de Educación no se habla para nada de la vestimenta de los estudiantes. De hecho, en el caso de la educación pública, en ninguna ley o documento se solicita el uso de uniformes de manera obligatoria, e incluso está prohibido negarle el acceso a la educación a un niño por este hecho, pues se estaría violando el artículo 3º de la Constitución.
Estudiantes de Bali. Imagen: Pixabay.com (2010)
Sin
embargo, lo curioso es que tanto el Gobierno federal como los gobiernos
locales, cuentan con programas de apoyo para la adquisición gratuita de uniformes
escolares para los alumnos de educación básica. Incluso, en alguno estados
estas medidas son una ley,
como en la Ciudad de México.
Comencé este texto pensando que escribiría algo relativamente corto sobre este tema, pero después un rato me di cuenta que el tema de los uniformes escolares tiene mucha más tela de dónde cortar que lo que vemos en apariencias sobre ellos.
Si
bien mi postura siempre fue y será antiuniformista, reconozco que hay
situaciones particulares que obligarán a las instituciones a tomar esta medida.
Lo que sí puedo decir, es que es importante que se justifique plenamente su
uso, y que alumnos y padres de familia entiendan el por qué.
Estudiantes de México. Imagen: Secretaria de Educación Pública (2017)
El hecho de muchas veces no señalar esta justificación, hace que los estudiantes tomen esta medida como arbitraria, sin sentido, pasada de moda, o de la «vieja escuela». Sin embargo, también entiendo que muchas veces se trata de una tradición, o un rito que las escuelas quieren conservar por un tema de identidad, y de la cual los alumnos pueden estar de acuerdo.
Lo que sí tenemos que tener claro es que la sociedad actual está cambiando rápidamente y los uniformes comienzan a desaparecer de muchas esferas sociales, no sólo de las escuelas. Temas relacionados a la reivindicación de una propia identidad y de la libertad de expresión, entran en esta discusión, que seguramente se potencializará en el futuro.
Sirva
pues este texto como un buen contexto, aunque muy acotado, de todo lo que podría
implicar el uso de uniformes en las escuelas.
Referencias.
Dussel, Ines (2007) Los uniformes como políticas del cuerpo. Un acercamiento foucaultiano a la historia y el presente de los códigos de vestimenta en la escuela. En Pedraza, Zandra (Comp.) Políticas y estéticas del cuerpo en América Latina. Pp. 131-160. Colombia: Universidad de los Andes. Recuperado el 23 de mayo de 2019 de: https://repositorio.uniandes.edu.co/bitstream/handle/1992/26256/u298917.pdf?sequence=1&isAllowed=y#page=131
Aldana Bautista, A. (2016). Notas para una genealogía de códigos de vestir y tecnologías estetizantes en la escuela colombiana. Pedagogía Y Saberes, (44), 35.46. https://doi.org/10.17227/01212494.44pys35.46
Pixabay.com [DEZALB] (2010, 22 de octubre) lindia-los-escolares-niños-uniforme [Archivo de imágen] Recuperado de: https://pixabay.com/images/id-919183/
Hay un tema de género pendiente en cuanto al uso de los uniformes escolares. En muchas escuelas se considera que los niños deben usar pantalón y las mujeres falda obligatoria, no dejándolas a ellas, en la mayoría de los casos, elegir si prefieren llevar pantalón al igual que sus compañeros.
Recientemente la organización Save The Children Perú, publicó una investigación en la que cuestiona el uso de las faldas obligatorias en los uniformes escolares, pues reveló que la mayoría de las alumnas que participaron en el estudio considera que la falda obligatoria las limita, restringiendo la capacidad de jugar y moverse con libertad (Yllañez, 2019).
El informe y la campaña generada por la organización al respecto, ha generado que en ese país se esté debatiendo el uso de la falda obligatoria para las estudiantes (El Comercio, 2019).
Pero no es el
único país en el que este tema se ha discutido, en España en el 2011 el Tribunal
Supremo determinó que en los trabajos no se podía obligar a que las mujeres
llevaran falda, pero desde 2016 organizaciones de padres y madres de familia
piden que esto también se aplique en las escuelas (Presedo y Pérez, 2016).
En el documento “El uso de la falda escolar y su relación con las desigualdades de género en el sistema educativo”, Yllañez (2019), señala lo siguiente sobre el uso de la falda obligatoria:
“Esa prenda de vestir en las mujeres termina limitando el ejercicio de su derecho al juego, la recreación y hasta la libertad de tránsito en los espacios del colegio y fuera de él. Muchas de las alumnas en más de una oportunidad se han sentido limitadas en saltar, trepar, usar los espacios del colegio en hora de recreo, ya que son usados en la mayoría de veces por los varones, mientras las mujeres usan los espacios alrededor”. (p.4).
Otro aspecto interesante
que revela el estudio, es que cuando se les pregunta a las alumnas cómo se sienten
cuando pueden usar pants (buzo, como se le conoce en Perú y otros países de Latinoamérica)
la mayoría se sienten mucho más cómodas para realizar actividades:
“El 85% de las alumnas indicaron que al usar buzo se sienten bien porque pueden jugar, saltar, correr y trepar, el 10% se sienten en iguales condiciones con los chicos, porque ambos usan el mismo espacio y se desplazan de la misma manera y el 5% mencionan que pueden subir las escaleras sin miedo que la vean por debajo. El 79% de alumnas señalaron que desean que se elimine la obligatoriedad de usar la falda escolar en el colegio”. (p.6)
Si bien es cierto
que este no es el único aspecto que puede de alguna manera promover la
desigualdad de género, creo que es uno de los más urgentes de abordar, ya que
tiene una incidencia directa en el día a día de los estudiantes, tal como se
señaló en las citas anteriores.
Adicionalmente hay algunos testimonios de estudiantes que señalan incomodidad al portar la falda, por ejemplo, en el transporte público o en la calle, tanto por el tema del acoso como por el tema de movilidad (Díaz y Landeta, 2018).
La buena noticia es que ya hay países y zonas en donde se ha logrado un cambio, tal es el caso de Ecuador, en donde a partir de abril de 2018 se estipula que el uso de faldas ya no será obligatorio (Díaz y Landeta, 2018). También en Galicia, España, que se acaba de convertir en la primera comunidad autónoma en permitir la elección de las niñas y adolescentes sobre el uso de falda o pantalón para su uniforme (Huete, 2018).
Creo que es muy
importante que comencemos a establecer una reflexión sobre este tema en el
ámbito educativo, pero sobre todo darse el tiempo de escuchar a las
estudiantes, de todas las edades, pues estoy seguro que tiene mucho que decir
al respecto.
No tendríamos que esperar que se aprobaran leyes para ello, pues creo que ya estamos en una posición en la que debemos abordar estos temas de manera distinta, en donde las mismas escuelas comiencen a tomar medidas que permitan un entorno de mayor igualdad y seguridad, no sólo en cuanto al uso del uniforme.
Y de paso, podríamos cuestionarnos también el uso del uniforme como tal, pero eso es tema para otro artículo.